Martín Kohan: “Pía Bouzas lleva a la ficción aquello que, en ciertas vidas, existe ya como ficción.”

Compartimos la contratapa escrita por Martín Kohan sobre “Una fuga en casa”, libro de cuentos de Pía Bouzas, publicado dentro de la colección narrativa “Sinfonía Emergente”

“¿Qué clase de fuga concibe Pía Bouzas para narrarla, una y otra vez, como “tema con variaciones”, a lo largo de estos cuentos? No es fuga a casa (ahí donde el mundo exterior se convierte en amenaza y la casa, por lo tanto, en un refugio), ni es fuga de casa (ahí donde la vida cotidiana se vuelve encierro y asfixia y resulta imperioso salir, resulta imperioso salirse). Es otra cosa, más valiosa y visceral: es fuga en casa. La fuga entera transcurre ahí. Porque es cierto que en las sucesivas historias hay engaños y desengaños (y a veces también reengaños: hacer como si nada, después de haberse desengañado, para seguir pese a todo hacia adelante); hay historias de intemperie y lejanía, historias de paisajes abiertos o largos viajes; hay personajes que dejan su casa y personajes que regresan a ella. Pero lo que Bouzas entiende por “casa” es el formato de las vidas ya armadas, el confort de las vidas resueltas, esas rarezas normalizadas que da en llamarse familias, ese estancamiento inercial que pueden llegar a ser los matrimonios. Fugarse ahí, fugarse en eso, ¿qué significa? Las dobles vidas que despliega Bouzas con absoluta destreza en los relatos de Una fuga en casa son dobles en el sentido en que tiene doble fondo un baúl: esa fuga es fuga hacia adentro, hacia algún recoveco interior que se inventa cada cual para sí mismo.
Pía Bouzas lleva a la ficción aquello que, en ciertas vidas, existe ya como ficción. “¿En qué momento la vida se convirtió en esto?”: esta pregunta irrumpe en uno de los cuentos del libro, pero podría abarcarlos a todos. Por supuesto, no tiene respuesta. En el lugar de esa respuesta imposible, hay plena literatura.” 

Martín Kohan.

 

 

 

 

 

“Lamborghini y su biógrafo”, por Ariel Luppino.

El jueves 22 de marzo, Ariel Luppino estuvo junto a Ricardo Strafacce charlando en el Instituto de Literatura Argentina. Para ello, preparó algunos textos sobre escritores de la escena literaria que les ofrecemos aquí en distintos posteos. A continuación, sobre Osvaldo Lamborguini:

Lamborghini tiene una prosa nerviosa y una respiración entrecortada, como un jadeo. Lamborghini vacía a las palabras de sentido para poder desplegar su plasticidad y producir torsiones en la lengua. Parece partir de una pregunta: ¿cómo hacer que una lengua familiar -una lengua materna- se vuelva extraña. “Primero publicar, después escribir” no es un chiste, no es una boutade. “Primero publicar, después escribir” es un programa de escritura. Lamborghini entendió que la escritura se completaba con la edición, no en términos metafóricos sino más bien literales, y por eso pudo preveer el carácter póstumo de una obra: la propia. “Juro que nadie escribe mis novelas” puede leerse de dos maneras, como una jactancia o una resignación. A Lamborghini le hubiese encantado que alguien le publicara las novelas que todavía no había escrito para poder escribirlas. Quizás eso hubiese hecho que valiera la pena la escritura y que la escritura exorcizara la pena de “lo inenarrable”. ¿Pero quién iba a leer aquello que Lamborghini no quería o no podía escribir? “Primero publicar, después escribir”. A través de la edición Lamborghini comprendió el carácter fragmentario de su obra. Si su obra eran “los papeles póstumos de un escritor genial”, Lamborghini primero debía morirse para publicarlos, porque el carácter fragmentario era constitutivo de su literatura, y después de su muerte aquello que fuera “publicado” al fin sería escrito. Como la tan anunciada novelita triste de Lamborghini que finalmente escribió Strafacce. En una carta a uno de sus amigos, Lamborghini escribió lo siguiente: “Desde hace días estoy rescribiendo “La Hija de Hartz” con la esperanza de poder mandártela pronto. Tiemblo: tiene que ser perfecta. Pero me cuesta. Se obstina en no sobrepasar el nivel de lo muy bueno: y ocurre que por razones largas de explicarte, y que se relacionan con lo que yo podría llamar pomposamente mi obra, esta vez debe interrumpir la perfección”. Lo que Lamborghini debe interrumpir no es la perfección sino la escritura, pero justamente debe hacerlo para que el poema sea en verdad perfecto, es decir, inconcluso, y, dentro de esa lógica, para que él pueda publicarlo (primero) de manera póstuma, y después (terminar de) escribirlo. El poema debe hacer serie con los otros poemas, relatos y novelas apócrifos: eso que Lamborghini llamaba “pomposamente” su obra y no eran más que “los papeles póstumos de un escritor genial”. Ya en el 77 Lamborghini le habla a un amigo como si éste fuera su albacea y al mismo tiempo prefigurara la lectura de un biógrafo, o mejor, un cartógrafo que se encargaría de juntar sus papeles, reponer el sentido y dar cuenta de su genio. Ahora bien, para que “La Hija de Hartz” fuera “perfecta” debía permanecer fragmentaria, y eso es lo que finalmente pasó, en este al igual que en otros casos, de una manera extrema: como fragmento sólo quedó el título, y el poema fue “publicado” en la medida que tanto el biógrafo (Ricardo Strafacce) como el albacea (César Aira) lo consideran parte de la obra pérdida o no encontrada de Lamborghini. ¿Y si Lamborghini nunca lo hubiese escrito? ¿Si tan sólo lo hubiese publicado primero para escribirlo después, póstumamente? “Publicar primero, después escribir”. Ante la imposibilidad de escribir, Lamborghini redujo su programa de escritura a la mitad de la frase. Primero lo primero: publicar. Por lo tanto, “juro que nadie escribe mis novelas” podría ser leído ahora de tres maneras, como una jactancia, una resignación o una queja. Una queja que alguien podría escuchar de manera póstuma. Eso explicaría que Strafacce cansado de buscar y no encontrar la novelita triste de Osvaldo Lamborghini haya resuelto escribirla, y publicarla, a la manera de Osvaldo Lamborghini, en todo sentido de la expresión. ¿Pero la novelita triste de Osvaldo Lamborghini no era su propia vida, su Biografía? O bien: ¿Osvaldo Lamborghini, una biografía es una novela paranoica donde el narrador busca desentrañar un crimen (“lo inenarrable”) y encontrar un culpable donde el lector menos lo espera? ¿Y si “lo inenarrable” fuera una pista falsa…? ¿Si Strafacce no hubiese sido lo suficientemente paranoico…? ¿Y si Lamborghini no fuera del todo inocente al momento de interrumpir la perfección…? “Publicar primero, después escribir”. Quizás podamos atisbar una explicación en la reescritura que Lamborghini hizo del Martín Fierro: “Siempre hay encontrones cuando un genio se divierte”.