Jose Villa sobre “Krupoviesa”, de Francisco Rovira: “Se trata de esos textos de poesía en el que el poema es el libro”

El viernes 23 de junio del 2017 José Villa presentó el libro de poemas “Krupoviesa”, de Francisco Rovira. El título forma parte de la colección de poesía “Ojo de tormenta”.

En primer lugar, quisiera decir que se trata de esos textos de poesía en el que el poema es el libro, porque hay toda una serie de continuidades y, también de episodios, que plantean de alguna manera en algún caso una trama y en otro un concepto, que desplegado compone el libro.

Uno de esos aspectos conceptuales se refiere principalmente a un desarrollo, sobre la economía del libro, que tiene en cuenta su propio proceso, y que lo nombra digamos explícitamente: estoy haciendo poesía, qué clase de poesía, que es hacer poesía. Digo “hacer” porque esto se manifiesta en el transcurso y con los elementos propios del libro, hay como cierto enajenamiento con los instrumentos, con las palabras que dirigen el libro, a partir de las cuales se genera el hacer. Por eso me parece que la pregunta se vuelca sobre el lector con esa palabra, hacer, mucho más que con el qué es la poesía, o el para qué. Si bien estas cuestiones también están implícitas.

Como decía no es una cuestión teórica sino una reflexión que pasa por los materiales utilizados para la composición. La pregunta es llana, y la respuesta es todo el despliegue del artificio, que es el libro mismo.

Sobre la escritura y sobre la poesía aparecen cuestiones todo el tiempo, pero hay un momento en que opone al desarrollo una simple palabra que termina con todo, algo así como “ojete”, dice. Y de esa manera baja a lo concreto, prosaico, o vulgar. Y ese “descenso” interrumpe el proceso y a la vez lo resuelve presentándolo en otro plano. Digamos que se trata de una situación conceptual. La realidad empieza a ser invadida por las palabras. Es decir, hay una situación planteada, una silla dentro de un cuarto, digamos una situación que empieza a ser construida, o a formalizarse en un sentido; eso se desarma. Como si desconfiara de ese estado, entonces lo saca de ese lugar, pero todo esto sirve para que la cosa quede planteada:

 

El cuarto vacío

un cubo con sólo

una silla en el centro.

No cabe dudas, de

formarse allí un concepto,

se plegaría sobre la silla

 

Claro, esto es pura abstracción

porque la casa estaba

de cosas hasta el ojete.

Y acá las palabras se filtran

por las hendijas.

 

Yo quisiera prestarle bastante atención a este hecho, al concepto y al modo en que está de alguna manera intervenido. Y esto me parece que proviene en buena medida de una idea, que es la de asociar y fusionar de un modo explícito, declarado, qué sería estar haciendo poesía y su estrecha relación con el acontecimiento biográfico, para luego llevarlo a una determinada estrategia de escritura, en general bastante asociada también a la reflexión literaria. Cabe decir que esto implica decir de alguna manera este es mi procedimiento, mi estrategia, y este es mi material, y sobre esta piedra edificaré mi obra.

En cuanto al modo en que la obra se empieza a manifestar: hay algo de texto recortado, que nos muestra una parte de la experiencia, pero fundamentalmente nos muestra una especie de realidad patológica.

La primera parte, breve, es muy plástica y simétrica, con una suma de encadenamientos y fundamentalmente imágenes, sostenidas sobre un concepto explícito, que esta idea de hacer poesía, que significa ir manteniendo una relación por medio de los sucesivos enunciados. Con esta idea de la poesía, pareciera que esos enunciados pueden ser independientes o intercambiables, siempre que mantengan la idea de que hay una sucesión. Hay como dos principios, la poesía como ir haciéndose si se quiere en sucesión, y la afirmación de un valor concreto para aquello que es nombrado. No obstante, el correlato de este planteamiento no se reproduce de una cuestión conceptual, sino que tiene más bien un desarrollo descriptivo, argumentativo, instrumental. Esto qué quiere decir, que el poema va a ir comentado, va a ir anotado y flexionado:

 

Estornudo, vibran los

aguachentos cartílagos

de la nariz. Blanda

hoja de lechuga es,

podría ser la metáfora

perfecta.

 

En cuanto a llevar el plano abastracto a lo concreto también está en este verso:

 

El cuarto vacío

un cubo con sólo

una silla en el centro.

No cabe dudas, de

formarse allí un concepto,

se plegaría sobre la silla

 

Esta idea de que casi tomaría la forma de la silla, que se igualaría a ella, creo que da toda una idea conceptualista, formalizadora. Pero también hay algún que otro despliegue que habla de cierta pérdida del centro. Que tiene que ver con el personaje Krupoviesa.

El poema principal, “Krupoviesa”, nos envía al mundo de la escuela, en este caso de la escuela secundaria. Yo asociaría este escenario con una experiencia fuerte con lo otro, o con lo heterogéneo, con una experiencia diversa que ocurre en un lugar que es en cierta manera discplinador o uniformizador. Es decir que hay algo ahí como fuertemente estructurado, codificado, que tiene que ver con instituciones que implementan en muchos casos hasta un determinado lenguaje. Entonces en ese ambiente, por así decirlo, aparecen algunas taras y complejos, desamparos, deformidades. Ese es Krupoviesa, observado, narrado, compartiendo con otros, con un profe tartamudo, para empezar, que no puede decir bien su nombre. Es decir que se empieza a desplegar todo ese mundo imantado, dominado, por la inmadurez, la incapacidad, y ese ambiente institucional que nos pone a todos un poco caricaturizados. En todo ese rollo se forma un lenguaje y un determinado ser: Krupoviesa.

Krupo en realidad como una especie de máquina parlante, que suena y resuena según donde uno lo toque u opere, o según qué funcionalidad uno requiera. Krupoviesa es un personaje curioso, lunático, si se quiere, que tiene la manía de ver poéticamente el proceso económico, el deterioro de los términos de intercambio y demás.

Cierra el libro el poema que se llama “Un día de esquí”. Que es otra entrada a los textos anteriores, por la postal, por el paisaje, pero un paisaje siempre intervenido por el juicio de tipo social, o por el lenguaje técnico, como si armara un tema romántico pero ejecutado con elementos antirrománticos. Por último, la operación de escritura de este libro siempre es, por decirlo así, consciente del proceso de mataforización; en cierta manera recrea ese proceso, no como proceso sustitutivo precisamente, sino como construcción que está ahí, donde no había nada.

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Cita

Marina Arias: “Toda ficción tiene siempre una dimensión política”

La autora de “Bondi”, ofrece sus conceptos en forma de respuesta. La novela, parte de una (hasta hoy) trilogía de libros que incluye a “Neoprene” y “Mochila”, es un nuevo título de la colección de narrativa “Sinfonía Emergente”.

-¿Cómo y por qué nace Bondi?

-Hace cerca de un año estaba promediando un libro de relatos, y de pronto un día, sentada en la computadora, se me volvieron a aparecer Mariana y Christian. Me pasó algo similar con la escritura de Mochila. En estos dos personajes, en el mundo familiar que los rodea y en los vaivenes de su relación creo que se condensan cosas que ando pensando, frases que me han dicho, situaciones que me han contado, y sobre todo preguntas que me rondan. Lo increíble es que de todo eso me doy cuenta después: Mariana y Christian se me aparecen y “hacen”. Así nació Bondi.

-¿La trilogía fue pensada?

-No. Yo había publicado Neoprene en 2005, después me dediqué a los relatos. Y en 2013 un día me pregunté “¿qué habrá sido de la vida de Mariana y Christian?” (es raro, los siento como personas de carne y hueso, a veces veo una chica por la calle y pienso “ahí va Mariana”). Entonces se me ocurrió que las redes sociales eran una buena manera para que se encontraran y ver qué podía pasarles después de dieciséis años. Así nació Mochila. En el proceso descubrí que estaba escribiendo una novela más metaficcional y que lo que necesitaba contar sobre Mariana y Christian superaba la historia de un primer amor idílico y frustrado. En ese sentido, me parece que Bondi es todavía más terrenal: se acercan a los 45, el trayecto de vida que dejaron atrás es más largo que el que les queda por delante, las certezas son cada vez menos. Y todo eso, paradójicamente, los libera.
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-¿Qué autores te inspiran?

-No creo mucho en la inspiración, y tampoco quiero caer en citar clásicos insoslayables, sean canónicos o contracanónicos. Pero estoy convencida que aquello que uno está leyendo con entusiasmo, o en muchos casos releyendo por enésima vez, influye en lo que escribe. Por estos días en mi escritorio están: El negro corazón del crimen de Marcelo Figueras, los papeles personales de Walsh, Sudeste de Conti, El corazón es un cazador solitario de Carson Mc Cullers y Cabecita Negra de Mariano Pacheco. Me enriquece un montón, además, leer cosas que están escribiendo lo más jóvenes, estén o no publicados.

-¿Cómo se suelta un texto?

-Una vuelta en una entrevista que le hicimos, Carlos Ríos, en relación a finalizar una novela, dijo: “en algún momento el texto se cierra y te expulsa”. Me pareció una definición genial. En mi caso los finales se precipitan: cuando creo que me faltan veinte hojas para terminar la novela, de golpe los personajes resuelven la “trama” (que nunca es tan importante) y después no me hablan más. Al menos por unos años. Así fue con Mariana y Christian hasta ahora.

-¿Qué sigue después de una trilogía?

-No sé si la historia de Mariana y Christian es una trilogía o una saga: no podría asegurar que esta será la última vez que se me aparezcan. También hay algunos personajes secundarios en la historia de los que me gustaría contar un poco más, como una suerte de “spinoff”. Por el momento, estoy escribiendo unos relatos bastante distintos, menos realistas y más turbios.

-¿Te influyen los contextos sociales en la escritura?

-Por supuesto. No sólo porque estoy convencida de que toda ficción tiene siempre una dimensión política (una idea sobre el poder y sobre las relaciones entre los sujetos) y está inevitablemente tramada con las condiciones materiales e históricas de producción;  sino porque además de escribir, como todos, hago muchas otras cosas: entre ellas sufrir y resistir a tiempos tan horribles como los que estamos viviendo en nuestro país. Ese malestar es una condición de mi escritura.

Entrevista: Leonel Arance.