Omar Crespo: “Escribo porque es una forma de gritar”

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Omar Crespo, autor de “Todo este silencio que guardo”, ofrece sus conceptos en forma de respuesta. El libro es uno de los nuevos títulos de la colección de poesía “Ojo de Tormenta”, el primero publicado en el 2016.

¿Cómo nace Todo este silencio que guardo?

Todo este silencio que guardo se gesta en dos tiempos. Una primera instancia, que arranca en el 2012, donde venía arrimando textos cuya idea rectora estuviera contenida por momentos que fueran “generadoras de situaciones”, situaciones madres, situaciones madrazas, muchas de ellas imperceptibles desde el vértigo cotidiano. El segundo momento, aparece de manera inesperada y violenta: con la inundación de La Plata en marzo de 2013 y el camino irreversible de mi vieja que comienza en agosto del mismo año con una enfermedad terminal, en Mendoza. Así nace todo este silencio. El silencio que es madre de todas las músicas. La música, que es hija de todas las poesías. El silencio que parece que es nada, pero que es todo. Nosotros, hijos de las circunstancias, y de lo que hacemos con esas circunstancias.

¿Que une a Todo este silencio que guardo con tus libros anteriores?

Desde el punto de vista conceptual, este un trabajo diferente a los anteriores, porque además contiene unas prosas que hilvanan el libro. Pero no hay más unión que el afán comunicativo que ya avizoro en el libro anterior, Vino para quedarse.

¿Tu obra es escrita para ser leída o ser recitada? ¿Cómo se combinan las dos prácticas?

Todo el primer corpus de textos con afán poético que escribí, fueron pensados desde el sentido tradicional: escritos para ser leídos en voz baja o para ser vistos en voz baja, porque uno siempre mantiene la inquietud de los textos experimentales.

Ya más adelante, con la madurez de la escritura, fui entendiendo que era necesario apuntalar la dimensión comunicativa de los poemas. Y, aunque no dejo de escribir textos para ser leídos en voz baja, todo mi horizonte se empecina en una poesía que tenga la suficiente carga narrativa como para ser recitada o, mejor, para ser dicha. En ese sentido, si decido poner en juego un poema en un evento cultural, literario o musical, prefiero elegir las que se dejen decir y las que sean más susceptibles de ser escuchadas. Uno trata de esquivarle al ejercicio de la lectura pedagógica o meramente lúdica o asépticamente provocativa: la poesía no es un trabajo práctico para ser leído como un acto escolar para que sea escuchada por los amigos. La poesía tiene que atravesar, perforar, acariciar, conmover al desconocido. La poesía, en su sentido minúsculo, tiene que tener la misma pasión que se pone cuando se hace un asado, tiene que tener la misma pasión como cuando uno cocina para la gente que quiere.

¿Porque escribís?

Escribo, desde un primer momento, porque es mi primer deporte, porque es el primero con el que mejor me llevé. Escribo, cuando ya fui creciendo, por una necesidad comunicativa, por compartir y proyectar vivencias comunes.  Escribo, porque es una forma de llevarse bien con el silencio. Escribo, porque es la materia prima para poder cantar.

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